Con motivo del primer aniversario del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el Financial Times publicó un análisis que alerta sobre un profundo cambio en la economía estadounidense, la cual cada vez se asemeja más a una «economía de privilegiados». Aunque el presidente se jacta de que su agenda beneficia a los estadounidenses comunes, los datos muestran que la participación de los trabajadores en el PBI cayó a su nivel más bajo histórico, indicando que la mayor parte de las ganancias económicas se destina a los beneficios. La administración ha normalizado la negociación caso por caso como base de la política, y quienes mantienen estrechos vínculos con Trump parecen ser los grandes ganadores, en un modelo de liderazgo transaccional.
Esta economía de privilegiados adopta diversas formas. Empresas cuyos líderes tienen relaciones directas con el presidente han obtenido acuerdos clave: Oracle, cuyo presidente Larry Ellison ha recaudado fondos para republicanos, obtuvo una participación crucial en la escisión estadounidense de TikTok. Palantir, cofundada por el temprano partidario de Trump Peter Thiel, vio aumentar sus ingresos gubernamentales un 52%. Otros, como Apple y Nvidia, han tenido que apresurarse a congraciarse con el mandatario para obtener exenciones arancelarias o permisos de exportación, en lo que se percibe como acuerdos de «pagar para jugar». El propio clan Trump también se ha beneficiado, con ganancias estimadas en más de US$ 1,800 millones en criptomonedas y regalos desde las elecciones de 2024.
Aunque Trump ha centrado recientemente su atención en medidas de asequibilidad, como reducir el costo de la vivienda y las tasas de las tarjetas de crédito de cara a las elecciones de mitad de mandato, la tendencia sigue siendo la intervención directa y selectiva. El análisis advierte que este giro hacia el favoritismo y una gobernanza basada en el intercambio de favores distorsiona los incentivos del mercado, agrava la desigualdad y debilita la formulación de políticas, poniendo en riesgo los cimientos de competencia y apertura sobre los que se construyó el éxito económico de Estados Unidos. A corto plazo, los mejor conectados se benefician, pero cuanto más dure este sistema, más se erosionará el motor competitivo del país.


