Expertos advierten que políticas macroeconómicas actuales mantienen al Perú en una trampa de estancamiento del crecimiento

Un análisis publicado por el portal especializado Otra Mirada concluye que las políticas macroeconómicas aplicadas en el Perú durante las últimas décadas, si bien lograron estabilizar la economía y controlar la inflación, han sido insuficientes para generar un crecimiento sostenido y alto, manteniendo al país en una suerte de «trampa de ingresos medios». El informe señala que la dependencia excesiva de la inversión minera y la exportación de materias primas, sumada a una baja inversión pública en infraestructura productiva y capital humano, ha creado un modelo económico vulnerable a los ciclos de precios internacionales y con escasa capacidad para generar empleo de calidad y diversificación productiva.

El estudio critica la visión ortodoxa que prioriza el equilibrio fiscal a ultranza y la autonomía del Banco Central de Reserva (BCR) sobre objetivos de desarrollo a largo plazo. Esta política, según los expertos, ha generado una brecha crónica de inversión pública en sectores clave como educación, salud, innovación, tecnología y conectividad, que son los verdaderos motores para aumentar la productividad total de los factores. «El Perú ha confundido la estabilidad macroeconómica, un medio, con el desarrollo económico, que es el fin», señala el análisis, que llama a repensar el llamado «consenso de Lima» que rigió la política económica post-1990.

La publicación propone un cambio de paradigma en la política económica, que mantenga la disciplina fiscal pero la oriente hacia una inversión pública estratégica y contracíclica. Esto, sumado a políticas industriales activas para diversificar la matriz productiva, reformas para mejorar la calidad del gasto público y una mayor articulación entre la política monetaria y las necesidades del sector real, podría romper el círculo vicioso del estancamiento. El informe finaliza con un llamado a los candidatos presidenciales y a la próxima administración a debater y diseñar una nueva política macroeconómica que priorice el crecimiento inclusivo y la transformación productiva, abandonando la complacencia con tasas de expansión modestas que no logran mejorar significativamente el bienestar de la mayoría de la población.

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